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Bomarzo, paradigma de una revolución
Il video su Bomarzo | El documental “Bomarzo, paradigma de una revolución” |
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El documental “Bomarzo, paradigma de una revolución” intenta proveer elementos para facilitar la comprensión de las imágenes míticas que se manifiestan en Bomarzo y que tuvieron origen en el seno de la mística del humanismo renacentista. Desde las producciones de los humanistas del siglo XV, la influencia bizantina y helenística, hasta la realización del Bosque de Bomarzo en el contexto cultural del manierismo europeo.
El Parque de Bomarzo, incluso siendo único en su género, es la expresión perfecta de aquel imaginario que se encuentra constante en las producciones del manierismo, del renacimiento tardío y de la edad clásica.Probablemente no fue intención del Principe Vicino Orsini, su inventor, la de crear un “recorrido” homogéneo y lineal, sino mas bien de vivir, dentro de su bosque, un particular “carácter sagrado” que es lo propio de su época. Ya desde el fin del Siglo XIV una nueva conciencia se abrió paso en los entornos cultos de todo occidente. La necesidad de encontrar nuevas respuestas existenciales, que el vacilante “mundo medieval” ya no era capaz de dar, dio el impulso fundamental al poner en discusión la posición del hombre en el universo y en la historia.Todo el Siglo XV fue constelado de “novedades” que llegaban de las tradiciones del pasado: las nuevas traducciones de los escritos platónicos y neoplatónicos, los textos alejandrinos y helenísticos en parte llegados desde Bizancio, la reinterpretación de los textos aristotélicos y latinos que fueron estudiados dentro de una atmósfera revolucionaria, dando lugar a una nueva y extraordinaria concepción del mundo, mientras que el “viejo” mundo reaccionaba persiguiendo a los innovadores. El Siglo XVI se asoma sobre un panorama explosivo del punto de vista cultural y político. Mientras en Europa se suceden las guerras de religión y las persecuciones, la “revolución” se expande a todos los entornos culturales y científicos poniendo en discusión todo y creando una nueva imagen del mundo. Durante este siglo el manierismo, por sus múltiples formas artísticas y literarias, se convierte en el vehículo de tal revolución, mientras que la ciencia avanza a grandes pasos superando abundantemente a los maestros del pasado y permitiendo que el cambio sea irreversible. En esta atmósfera dinámica y cambiante, el hombre se encuentra en el centro del Cosmos, dueño de sí mismo y creador de los “infinitos mundos” en que está sumergido. Junto a los descubrimientos de nuevas tierras, al redescubrimiento del movimiento de los astros, a los conocimientos de la antigüedad que amplían su horizonte espacial y temporal, el hombre del Quiniento trata de comprenderse a si mismo y las leyes que regulan la Vida. Confuso y asustado, pero también consciente de su papel fundamental, intenta reconstruir una unidad en que lo sagrado no se oponga al profano y lo divino se armonice con la naturaleza terrenal.El hombre es la unión entre los dos aparentes opuestos con la posibilidad, como dijo Pico, de “degenerar en las cosas inferiores que son los brutos, o reengendrar en las cosas superiores que son divinas.” La magia y la alquimia son los instrumentos que tiene el hombre para descubrir las leyes que regulan el cosmos, mientras monstruos y dioses representan la aceptación profunda que cada cosa es parte del Todo y que ello está en cada cosa. La aceptación profunda de la vida en sus innumerables formas toma un carácter sagrado. Mircea Eliade escribe: “Todo aquello que es insólito, raro, nuevo, perfecto, monstruoso, se vuelve un recipiente de fuerzas mágico-religiosas y, según las circunstancias, es venerado y temido, en virtud del sentimiento ambivalente provocado constantemente por lo Sagrado” El Sagrado Bosque, como lo quiso llamar su inventor para afirmar la afinidad del jardín con la antigua tradición de las zonas boscosas como lugares predilectos por el encuentro con lo divino, es habitado, por lo tanto, por imágenes que son señales de un “Mas allà”. Con su Venus y las otras diosas-matronas, con el reino de Plutón habitado por guardas-dragón y monstruos marinos, con los ogros, las esfinges y los personajes míticos, el Bosque de Bomarzo nos hace entrar en un mundo onírico y casi ultramundano, un lucus donde lo numinoso puede mostrarse a los ojos de los visitantes en sus diferentes manifestaciones, donde el sentimiento de maravilla se mezcla con el de lo terrible. Ésta fue quizás justamente la voluntad de Vicino, expresada en una inscripción que también es una invitación: “Voi che pel mondo gite errando vaghi di veder meraviglie alte et stupende venite qua, dove son faccie horrende elefanti, orsi, orchi et draghi ". Vicino, por lo tanto, crea en el jardín gigantes y ogros, pero también el Pegaso y las Arpías y Cerbero, en una alternancia de llamadas que siempre aluden a lugares fantásticos o sobrenaturales, lejanos de la cotidiana realidad pero presentes en forma de hierofanías concedidas a los hombres. Fundamental en el Bosque era el agua, ahora desparecida, simbolizando siempre la presencia constante de la fuerza vital primordial. Nada podía entrar en el mundo del devenir sin aquella energía creadora, así como nada podía renacer a una nueva vida si primero no volvía a su origen. Encontramos, por lo tanto, una fuente dedicada a Venus, al comienzo protegida por una gruta, en que el agua inundaba la diosa y surgía de su ombligo, para expresar el flujo divino creador de vida.Conocida en la antigüedad en su doble naturaleza terrenal y celeste, Venus fue un tema importante para todos los humanistas y se encuentra como elemento en todas las villas construidas en la mitad del Quiniento y en muchas pinturas y esculturas. El mismo Hypnerotomachia Poliphili, es un viaje que conduce justo a la morada de Venus, señora de un jardín maravilloso y perfecto: una Venus, aquella renacentista, que encierra en sí ambas características y que representa la Belleza como armonía organizadora del mundo. Otro ejemplo del carácter sagrado del nacimiento y renacimiento son en Bomarzo todas las referencias a las mitologías infernales y acuáticas. La fuente de Plutón, dios del reino de los muertos, acompañada por monstruos marinos y defendida por un dragón, las Arpías y los Tritones, con cuerpo humano, cola de pez y alas de mariposa, vuelven a llamar al lugar informe y caótico donde es necesario volver cíclicamente. De nuevo Mircea Eliade: “La inmersión en las aguas no equivale a una extinción definitiva, es solamente reintegración pasajera en lo indistinto, como sucede en una nueva creación.” En Bomarzo, cada piedra esculpida expresa la experiencia de un espacio mítico, a partir del cual, el ser humano de aquella época tomó el estimulo fundamental hacia el Conocimiento. En ellas se expresa plenamente el modo revolucionario del manierismo de construir aquel espacio, dónde los acercamientos entre dioses y infiernos, mitos y naturaleza, subvierten las relaciones fijas e inmutables del mundo medieval y antiguo. Sin tal reorganización del mundo, el hombre no hubiera podido concebir ni osar los nuevos recorridos de búsqueda que han llevado a las grandes innovaciones e interrogantes de nuestra época. El Bosque, como casi toda la producción artística y arquitectónica del Siglo XVI, permite comprender “plásticamente” lo que estaba ocurriendo en realidad en aquel entonces en la mente del hombre occidental, ya lanzado hacia la modernidad. |
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